El jazz contemporáneo encontró en el Teatro San Martín de Buenos Aires, uno de sus momentos más elocuentes. Gerald Clayton, al frente de su trío —junto a Henry Cole y Matt Brewer— desplegó un lenguaje que no se deja atrapar por etiquetas. En el marco de Jazz at Lincoln Center, cada músico habitó el instante con una libertad, construyendo entre los tres una arquitectura sonora de una pieza, viva y orgánica. Con una trayectoria brillante —nacido en Países Bajos y formado musicalmente en Estados Unidos—, el pianista Gerald Clayton comparte en esta entrevista su manera de trabajar, sus impresiones más íntimas y su particular mirada sobre la vida. El diálogo surge con motivo de su paso por Chile a principios de 2015 y su reciente visita a Buenos Aires en marzo de 2026.
Connotado pianista de jazz y compositor, Gerald Clayton nace en 1984 en Utrecht, Holanda, pero muy pronto se radica en California, Estados Unidos, país donde ha desarrollado su carrera. Hijo del bajista y director de orquesta John Clayton –quien es una de sus mayores influencias- y sobrino del multi instrumentista de vientos Jeff Clayton, Gerald comienza a estudiar piano clásico a la edad de siete años y recibe en su acercamiento al jazz una fuerte influencia musical también de artistas como Oscar Peterson, Monty Alexander, Benny Green y Ray Brown.
Nominado varias veces al Grammy, ha editado alrededor de 20 discos. Liderando o formando parte de diferentes agrupaciones (como The Clayton Brothers, The Clayton Hamilton Jazz Orchestra y Gerald Clayton Trio), este músico actualmente reside en Nueva York y ocupa un lugar destacado a nivel mundial dentro de la nueva camada de jazzistas sub-35. Tras su impecable presentación en la segunda jornada del Festival, el viernes 16 de
enero (2015), Papeles de Jazz conversó con él.
Cómo te relacionas con tu instrumento, y las inspiraciones a través de éste?
Creo que lo primero es la música, los músicos con los cuales estoy trabajando, siempre escucharles, tratar de adaptarme al estado de ánimo del momento, la energía. Pero creo que cuando se trata de inspiración, es la vida misma y todo lo que hacemos, la gente que conocemos, nuestras interacciones, nuestros sueños, nuestra imaginación respecto de lo que podría ser, todo esto es parte de esta expresión, pero en el momento mismo, es poder sentir al resto de los músicos, la onda del público y tratar de responder a aquello.
¿Cómo te enfrentas a los distintos escenarios, al público?
Lo más importantes es tratar de dejar de lado tus expectativas. Si te enfrentas a una situación y tratas de sobrecontrolar todos los aspectos y decir “quiero que esto salga así, que esto funcione de esta u otra manera, y la gente responda de esta forma…” La cosa no funciona así. Debes estar abierto, flexible, creo que es como navegar una ola y tratar de mantener el equilibrio, y si eres fiel y puedes mantener una conexión, la inspiración es parte de aquello, una parte natural de lo que está sucediendo en el momento. Como todo en la vida, necesitas de un balance, tomar pausas, lejos del instrumento y leer un libro, pasar tiempo con los que amas, familia, amigos. La música es una expresión, parte de un lenguaje, pero los pensamientos, el amor, la creatividad y la imaginación que adquieres durante tu vida son lo fundamental. Por eso debes equilibrar tu trabajo fuera del mundo de la música, como también los detalles presentes en lo musical.
¿Crees que el jazz es un vehículo para las emociones?
Si tú piensas en la música como un lenguaje y lo que las personas generalmente expresan con palabras, emociones, sentimientos, creo que hay algo más allá, hay una verdad en la vida que va más allá de las emociones. Por ejemplo, al escuchar a Bach sientes con esa música como que no viniese de este mundo, que no fuese humano y decir “creo que la emoción aquí es esto o aquello”. Pero esa música está a otro nivel, entonces es interesante pensar cuánto de nuestras experiencias como seres humanos están a ese nivel, más allá del plano emocional. Creo que las emociones son muy humanas, por lo cual cuando nos expresamos una de las cosas que salen y se expresan primero son precisamente las emociones, mucho antes de llegar a ese “nivel superior”.
¿Te inspira, tocas o te interesan otros tipos de música?
Entiendo por qué las personas sienten la necesidad de categorizar: jazz, hip-hop, en fin, pero no creo en dichas categorizaciones, pienso que no son reales. Música es música, te gusta, o no necesariamente debe gustarte, un tipo de música te afecta de una u otra manera. No pienso sobre mi mismo sólo como un músico de jazz, soy también una persona, y me gusta la música de distintos lugares. Yo entiendo el deseo humano de poner las cosas en categorías, por ejemplo, decir que quiero comer comida italiana esta noche, quiero comer comida china, también creo que la verdadera experiencia en la música, en el comer, es en sí una experiencia y no sabes cómo va a ser hasta que lo pruebas. Si lo pruebas es la manera de saberlo. Entonces
yo no creo en decir “no me gusta esto o lo otro”, hasta que no lo pruebo. Intento mantenerme abierto de mente, ya sea en comida, música, etc.
Por Ricard Torres-Mateluna
Foto: Pablo Araneda